Textos

Texto para catalogo muestra “TERRITORIOS” en La Línea Piensa, Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina, diciembre 2011/febrero 2012.

La ciudad como metáfora.

por Luis Felipe Noé

Cuando escribo un prólogo de una exposición siempre el título me surge después de haber escrito el texto, pero no es este el caso. La ciudad como metáfora es lo primero que pensé al iniciar esta tarea sobre un artista mucho ( muchísimo) más joven que yo, pero que conozco de hace aproximadamente un cuarto de siglo. Sé, por lo tanto, que su tema es siempre el mismo – la ciudad- y su manera de resolverlo siempre evoluciona. No se trata de una obsesión, sino de una problemática metafórica como conciencia vital. La causa -la problemática urbana- se repite, pero en estado de conciencia evolutiva permanente.La definición de metáfora que extraigo de una enciclopedia es “figura retórica consistente en la sustitución del término propio por otro que tiene con él una relación de analogía. Para que esta sustitución analógica pueda realizarse es imprescindible que alguno de los componentes semánticos de ambos términos sean idénticos”. La metáfora urbana de Panosetti trabaja como un espejo – la relación de analogía- lo espejado está en el espejo y éste en lo espejado.Panosetti elabora la imagen de su extrañamiento urbano al mismo tiempo que su identificación ciudadana con el dibujo, o sea con la línea que define conceptos que sólo va conociendo en la medida de su formulación. Pero luego los va adjetivando por medio del color, de tal manera que sus dibujos son posibles de contemplar como pinturas ( aún cuando recurra únicamente al blanco y negro, que los utiliza como colores) ¿Y que es lo que hay en la profundidad de sus metáforas más allá de la obviedad de poner afuera (meta-fora) su relación con lo urbano como objeto?Como todo espejo invierte escrituras – apela a menudo a letras- pero el contenido es el secreto del hombre atrapado en su alienación. Sus obras recurren a tres lenguajes – la línea, el color y las palabras- y al mismo tiempo, entre ellos se aclaran y se confunden porque la metáfora los supera: ninguno sirve por si mismo porque lo que quiere precisar es justamente lo impreciso. Sus obras muestran a la ciudad como si fueran monumentos, pero al mismo tiempo, montañas u hombres, o sea son ajenas a la naturaleza y se identifican con ellas, son monstruosas y se emparentan con nosotros. Ahora que se habla de poesía visual, pensando ante todo en lo escrito como imagen, se suele olvidar que la representación de algo significa nombrarlo y que, por lo tanto, la definición de poesía visual debe encontrarse en la interrelación entre la imagen y sus contenidos implícitos. ¿Cómo, si no, nos referiríamos a Odilón Redón? Pero la poesía de Omar Panosetti es de otro tiempo y lugar, y habla claramente de Buenos Aires entre el siglo XX y el XXI.

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Texto para catalogo muestra “TRABAJO” en el Museo Evita

¿Qué se ve por esa ventana?
“Sin pan y sin trabajo”

Por  Omar Panosetti

La magnífica obra de Ernesto de la Cárcova congela en sus trazos la Argentina posterior a la crisis económica de 1890, una de las más importantes del siglo XIX.
La mesa vacía simbolizando el hambre por falta de trabajo y sobre ella, las herramientas que esperan.
El hombre que mira la fábrica cerrada y golpea la mesa con su puño cargado de furia e impotencia por aquello que no puede producir, por aquello que le impiden. Ni siquiera puede aquel marginado hombre, proveer a su mujer de comida, que en su extrema delgadez y con sus pechos desnutridos alimenta a su bebe. Quizá como la más cruda muestra de la agudeza y la permanencia de la pobreza que los domina.
Y me pregunto: ¿Qué es lo que ocurría afuera de esa ventana? ¿Y qué pasaba en ese cuarto?

Desde la habitación de “Sin Pan y sin Trabajo” se ven fábricas vacías.
Se ve una fábrica que antes funcionaba y ahora no hay trabajo. Ahora hay espera.
Las mismas fábricas veo yo en mi mundo. Lo vi cientos de veces. Cientos de veces vi fábricas funcionando y después cerrarse. Pero las fábricas a mí se me presentan vacías sólo en su apariencia. En su interior toman materialidad los anhelos y los sueños de los trabajadores que las habitaron. Ese espíritu las puebla, como si fueran fantasmas. Tal vez si escuchamos bien, hasta oiríamos las máquinas trabajar. Sale humo de mis chimeneas. Y en algunos casos estas fábricas están vigiladas por la atenta presencia de un extraño guardián que cuida que sus sueños habitadores no salgan de allí, y que ya nadie entre. El Guardián es un testigo de esos sueños, de esos deseos de los trabajadores. Él cuenta con el privilegio de ser el único que puede verlos, pero también con la carga de no poder hacer florecer esos deseos. Sin embargo él sigue allí, cauteloso, y aunque a veces parece dormir… Cuidado!  Está alerta para que nada altere ese orden.

Esos sueños que están en nosotros y que estaban en nuestros padres, me llevaron a realizar estos trabajos. En ellos a veces se desata una lucha entre las fábricas, los edificios y el ambiente que las rodea. La naturaleza a veces acorrala mis fábricas y es entonces cuando pelean contra el barro y el verde que quieren envolverlas. Porque ellos son incómodos testigos del paso del tiempo.

Ese instante detenido en la mata verde, en el humo de las chimeneas y en los líquidos que salen de ellas, me gusta tenerlo allí, preso, y como un cazador atrapar ese momento para que quede inmóvil en mi visión. Inmóvil, como el trabajador que mira por la ventana.

 

Texto prólogo de Daniel Santoro, para catalogo muestra “TRABAJO” en el Museo Evita.

Arquitectura patológica

por Daniel Santoro

No deberíamos extrañarnos si una cierta angustia nos invade al observar esos paisajes con arquitecturas  apresadas en sus propias imposibilidades. Es que hay en las estructuras algo que las hace parecer autogeneradas por una inteligencia interna. Mientras tanto un fantasma líquido que desborda y huye de la escena es emitido hacia diversos ángulos. Son gigantescas estructuras simbólicas que elaboran su propia sustancia de goce, tienen un agujero en torno al cual el edificio adquiere su sentido mostrándonos un lenguaje articulado en volumetrías; es una visión ominosa, que intuimos está a punto de revelarnos algún secreto o tragedia histórica olvidada por largo tiempo. Tal vez sea un lenguaje corporal capaz de desencadenar una gigantesca histeria a escala urbana. No terminamos de entender si es que hay alguna lógica en esa estructura funcional, son verdaderos traumas del paisaje, restos expulsados de alguna ciudad en convulsión, fábricas que no cesan de no producir. Proliferan en territorio salvaje, edificios como sujetos o pequeños sujetos edificados, o combinaciones de ambos. Cuidándose las espaldas ante una naturaleza hostil, personajes cargando mochilas como deseos solidificados, habitantes de la zona de fricción entre técnica y naturaleza, fortines tecnológicos en lo profundo del bosque. Podríamos pensar en un muestrario o en un tratado sobre arquitectura patológica.

 


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